¿Les ha pasado que suelen guardarse todo para ustedes mismxs al punto de que llegan sentir que en cualquier momento van a explotar por reprimir tanto y simplemente todo se irá al carajo? Bueno, así solía ser yo, una persona callada, reservada, que siempre se comportaba conforme a lo que lxs demás querían, incluso llegando a incomodarme a mi misma y claramente pasando por encima de lo que soy y de mis principios, todo esto, porque lamentablemente de pequeña me criaron con la mentalidad de comportarme como una “dama” y de acuerdo con lo que la ocasión ameritaba.
Sin embargo, conforme fui creciendo, me fui dando cuenta que eso lo único que hacia era dañarme y enfermarme, porque por andar complaciendo a otrxs y comportándome de a cuerdo a lo que quieren, me estaba dejando de lado totalmente a mí, a quien yo era, perdiendo por completo mi esencia y dejándome en el olvido absoluto y entonces empecé a cuestionarme cosas como “¿por qué debería esperar hasta estallar para hablar?” “¿por qué debería complacer a otrxs, cuando mi principal prioridad debo ser yo misma?” “¿por qué debería forzar relaciones, si esto debe darse de forma natural?”
En fin, me di cuenta de que en un punto de mi vida me había perdido, pero ahora estaba empezando a reencontrarme y entonces paso lo que tenia que pasar, cambie, empecé a dejar que mi esencia saliera y a buscar mi comodidad y tranquilidad por encima de todo. Claro, debo admitir que no ha sido fácil, más cuando se es alguien tímida e introvertida, además del hecho de que en el camino he ido perdiendo a algunas personas.
Pero todo este proceso me ha hecho entender que las cosas cuando son forzadas no funcionan y que quien quiera permanecer a tu lado -sin importar cómo- lo hará y quienes se fueron, simplemente ya cumplieron su misión en tu vida y debes quedarte con lo bonito y con los aprendizajes. Quien de verdad te quiere, permanece contigo aún con tus defectos y peculiaridades, claro, haciéndote saber cuándo la estás cagando y ayudándote a crecer, total, creciendo juntxs. Esto es algo que aplica para todo tipo de relaciones.
Curiosamente, así como he perdido personas en el camino, también me he reencontrado con muchas otras y han llegado nuevas claramente. Esto me hizo entender la importancia de hablar, de expresar eso que sientes -claro está, sin herir ni pasar por encima de nadie- pero también de amarnos y aceptarnos como somos, incluso con nuestras peculiaridades, porque es lo que somos, es nuestra esencia y al final del día, es lo que nos hace únicxs y muy seguramente es lo que más aman quienes nos rodean.
No voy a mentir, no ha sido un proceso fácil, pues durante muchos años de mi vida tuve la creencia de que había que ser siempre “cuidadosa” con cada cosa que decía o hacía para no incomodar a lxs demás; claro, no quiero culpar a mis padres, pues al final así lxs criaron a ellxs y solo estaban repitiendo un patrón. Pero no hay nada que me enorgullezca más que el haberme hecho consciente de esto y estar trabajando para romper este patrón absurdo.
Siempre debemos recordar que somos nuestra mayor prioridad, que está bien decir “no” siempre que sea necesario, que no vinimos a este mundo a complacer a nadie, así como lxs demás tampoco están para complacernos a nosotrxs. No podemos olvidar que somos humanxs, totalmente imperfectos, que a diario nos estamos conociendo y trabajamos para ser mejores, pero que seguramente en el proceso cometemos errores y eso está bien.
Nuestra felicidad y nuestra comodidad deben ser siempre lo primero y no está mal de vez en cuando llegar a incomodar a otrxs, pues tu esencia no debes cambiarla; así como no está mal que otrxs nos incomoden y nos hagan ver eso que debemos mejorar, pues a la final la vida es un proceso de aprendizaje constante y esta no viene con un manual de instrucciones, porque simplemente está ahí para que la vivamos, la disfrutemos y la compartamos con aquellxs que vale la pena tener a nuestro lado.
Que no nos de miedo perder personas, porque, así como algunxs se van, otrxs llegan y otrxs permanecen y son quienes realmente valen la pena. Claramente no es fácil, porque uno genera conexiones y apegos, pero lo cierto es que de vez en cuando hay que perder personas para encontrarnos a nosotrxs mismxs. Porque el mantener vínculos únicamente por apego, solo nos hace daño y hace que incluso nos olvidemos de nosotrxs y de lo que somos.
Valoremos y agradezcamos siempre nuestro proceso, disfrutémoslo y, sobre todo, apreciemos nuestra evolución y nuestros logros, porque solo nosotrxs sabemos cuánto nos ha costado llegar a donde estamos y por favor, evitemos ser lxs «aguanta todo”, no vale la pena mantener relaciones con personas que te hacen abandonar tu esencia para complacerles.
ÍDOLOS
Tengo la firme creencia de que los seres humanos por mero instinto y mera emocionalidad, necesitamos figuras a las cuales admirar, necesitamos un modelo a seguir, un punto de referencia. El problema es que todo esto lo encontramos en otro ser humano igual de imperfecto a nosotrxs, también con miedos, temores, nostalgia y circunstancias que se han topado en la vida.
Y no, no está mal admirar a alguien y tenerle de referencia en tu vida, lo que si está mal es que lleguemos al nivel de idolatrar, de poner a estas personas en una especie de pedestal, que al final del día ningún ser humano merece. Es que nadie tiene porqué cargar con el peso de ser un
“modelo a seguir”, por más fama y credibilidad que tenga esa persona, sigue siendo humana, es decir, alguien imperfectx.
Todxs en general tenemos algo para aportar a lxs demás, por más simple y bobo que pueda parecer. Todxs tenemos cualidades, habilidades y lo más importante, pasiones. Y es por eso que es importante tener referentes, pero no podemos confundir admiración con idolatría, porque una vez llegamos a ese lugar, caemos en el terrible error de defender lo indefendible, de entrar en discusiones sin sentido, abogando por personas que claramente no conocemos y no nos conocen.
Las redes sociales son parte fundamental de nuestro día a día, de nuestra cotidianidad y es justamente allí donde más veo esta cuestión de “ídolos” y “fans”. Debo reconocer que yo sigo y comparto contenido de personas a las que admiro y he conocido a través de Internet, pero si algo he tenido claro desde siempre, es que antes de ser creadores de contenido y hacer lo que hacen, son humanxs; es decir, también son imperfectxs, también cometen errores, también están aprendiendo cada día, creciendo, transformándose y descubriéndose a sí mismxs.
Entonces, no son personas a las que necesitamos estar idolatrando y defendiendo, tampoco hay porqué atacarles, al punto de meterse con su vida privada; claro, son seres humanos -como he dicho antes- y también cometen errores, pueden ser imprudentes, incoherentes y algunas veces irrespetuosxs e irresponsables, pero insultando, metiéndonos con sus vidas privadas y haciendo burlas de sus luchas, no se logra absolutamente nada positivo.
En esta misma línea, tenemos la famosa “cultura de cancelación” que, en mi opinión, no sirve para absolutamente nada, ni da ninguna solución a nada, tampoco ayuda a que aquellxs “famosxs” que son “canceladxs” realmente mejoren, al contrario, esto hace que crezca su popularidad y no haya un cambio de parte de ellxs; si, hay personas cuyo contenido no nos gusta o simplemente no compartimos su forma de ser o pensar, sencillamente no lxs sigamos, no repliquemos su contenido, ni usemos sus nombres o usuarios.
Hay que tener en cuenta esto siempre, por más repetitivo que parezca, nadie merece la carga de ser “íconx”, “ídolo” o “modelo a seguir”, ni ninguna persona tiene porqué ponerse en la posición de estar 24/7 para alguien, ni defenderle, ni andar en disputas o peleas, esa energía debería -desde mi perspectiva- estar enfocada en compartir información importante, en hablar de temas de verdadera relevancia para la sociedad y en hacer críticas -porque son totalmente válidas y necesarias- desde el respeto.
Es válido y necesario tener referentes, sí, es válido también compartir contenido que nos gusta de esos referentes y aprender de sus logros y fortalezas, para usarlo en aquello que nos gusta y amamos hacer. Lo que sí es totalmente innecesario, es idolatrar y exigir a esos “idolxs” ser modelos a seguir, porque todxs batallamos diferentes luchas personales a diario. Sin importar la fama, el dinero o el reconocimiento; nada te exime de enfermarte, sufrir, sentirte mal, tener días de mierda o simplemente no querer hacer nada. Pero, sobre todo, a diario cometemos errores de los que debemos aprender.
En conclusión, para mi los “ídolxs” no existen, ni deberíamos darle esa especie de rótulo a nadie, pues tenemos una percepción errada de lo que es y de lo que implica para alguien ser ese “ídolx” y, además, debemos tener cuidado siempre con quienes tenemos de referentes, pues son iguales a nosotrxs, imperfectxs. La vida se ha encargado de demostrarme que las expectativas no son más que un daño que nos generamos a nosotrxs mismxs, idealizando siempre a quienes nos rodean. Entonces dejemos de hacernos daño, nadie debe cumplir nuestras expectativas y nosotros tampoco tenemos la obligación de cumplir expectativas ajenas.
COLOMBIA, REDES SOCIALES E ‘INFLUENCERS’
Si algo tenemos claro los colombianos es la coyuntura actual de nuestro país es crítica. A diario hay masacres, que se tienen tan normalizadas, que se muestran solo como números y estadísticas, no como vidas perdidas. Los medios, por su parte, ni siquiera se interesan por hacer un análisis de la situación, ni del actuar del gobierno frente a estos hechos; por el contrario, en algunas ocasiones lo que hacen es revictimizar a las familias afectadas, prácticamente justificando la muerte.
Por otro lado, instituciones como la policía y el ejército, pareciera que no están para servirle al pueblo, sino para aterrorizarlo. Con esto no quiero decir que el actuar de todos sus miembros sea malo, pero si que la forma en cómo entrenan a estas personas debería tener una revisión y una reforma estructural. Es que es absurda la cantidad de muertxs a manos de estas instituciones, así como la cantidad de violencia, abuso y violación a mujeres de parte de algunos de sus miembros y la única respuesta a ello es que son “casos aislados” y “algunas manzanas podridas”.
Asimismo, algo que se ha reforzado bastante, sobre todo en la pandemia actual, es la desigualdad y la segregación a poblaciones campesinas, indígenas, afro y muchxs más. Poblaciones que están por completo olvidadas por el estado, incluso por los colombianos en general. A esto hay que añadirle el hecho de que su lucha siempre resulta estigmatizada, con el cuento de que son ‘ignorantes’ y sus manifestaciones “están infiltradas”.
Ahora, se preguntarán ustedes qué tienen que ver la situación actual del país con las redes sociales y los denominados ‘influencers’. Pues bien, es claro que las redes sociales son de uso masivo y que aquellas personas que generan contenido allí y de cierta forma viven de esto, tienen una responsabilidad social con aquello que hacen y dicen desde sus plataformas.
Sucede que actualmente ha sido de alguna manera ‘tendencia’ el hecho de criticar y hasta burlarse de las ‘ridiculeces’ y ‘cosas absurdas’ que hacen algunxs ‘influencers’ colombianos, como una forma de decir que son gente hueca e ignorante, que ni se sabe cómo es que logran tener la fama y el dinero que tienen. Como si ser responsable socialmente fuera algo exclusivo que tienen que hacer estas personas y como si además lo que sucede en nuestro país fuera culpa de ellxs.
¿Acaso son ellxs los únicxs que tienen voz? ¿Acaso ellxs por si solos ponen al gobierno de turno? ¿Acaso ellxs manejan los medios de comunicación? Y no quiero decir que no puedan hablar y aportar respecto a lo que sucede en nuestro país, ni que no haya que condenar actos reprochables de parte de estas personas; lo que sí digo, es que la responsabilidad social no es exclusiva de estas personas y ellxs tampoco obligan a nadie a seguirlxs o a ver su contenido.
En lo personal me parece irónico y hasta chistoso que quienes critican y se burlan de estos ‘influencers’ volviéndolxs tendencia, al final del día lo único que hacen es aumentar su popularidad, que termina siendo más dinero para ellxs. Estoy de acuerdo con que seria bastante beneficioso que estas personas que tienen plataformas tan grandes las usen para aportarle al país. Pero, también es cierto que el hecho de darles tanta atención hasta volverlos tendencia por días o semanas, solo lxs beneficia a ellxs y a su bolsillo, así sean tendencia por criticas o burlas, están siendo VISTXS, ESCUCHADXS y su contenido entonces es algo de gran relevancia.
Qué tal si empezamos por hacer eso que tanto decimos que ellxs no hacen, por usar nuestras redes -que, aunque claramente son plataformas más pequeñas- juntas logran hacer grandes cosas. Es mejor que seamos muchxs (con plataformas chicas) hablando del mismo tema y hasta haciéndolo tendencia, que una sola persona (con una plataforma grande) “haciendo estupideces” que según muchos usuarios critican, pero resultan volviéndoles tendencia innecesariamente.
Es indispensable que todxs en general le demos un uso responsable a las redes sociales. Usémoslas de forma consciente y para beneficio propio y de la sociedad en general. Sobre todo, hagamos uso consciente y adecuado de nuestro derecho al voto. Informémonos acerca de los candidatos, revisemos siempre la fuente de toda información que nos llegue antes de compartirla. No traguemos entero, hagamos siempre veeduría al gobierno de turno y démosle importancia a lo que en verdad la merece, porque los ‘influencers’ tienen claro a quien va dirigido su contenido y con qué marcas trabajan. Si quieren o no usar su voz para hablar del país, es decision de ellxs y realmente no deberíamos darles relevancia, si consideramos que no la merecen.
Entonces:
- No sigas aquellas cuentas cuyo contenido no te interesa
- No le des vistas a sus videos
- No repliques sus contenidos
- No uses sus nombres o usuarios, así sea para hacer crítica, solo ayudas a que se vuelva tendencia y aumente su popularidad
- Comparte contenido de tu interés o que sepas que de alguna manera ayuda o beneficia
- Haz siempre uso responsable de la información, compartiendo solo aquello que provenga de fuentes confiables y/o directas
- No critiques, aporta desde tu ámbito
Solo así haremos un uso adecuado y consciente de las redes sociales, porque allí hay y seguirá habiendo contenido para todxs; entonces, si algo no nos gusta, no lo compartamos, ni consumamos ese contenido. Por el contrario, si vemos que alguien con una plataforma chica está compartiendo algo realmente importante, ayudemos a expandir su mensaje y de esa forma veremos lo beneficioso de un uso responsable de las redes sociales.
ADIÓS 2020
Este sin duda ha sido un año bastante complejo, con incontables altibajos; en lo personal, me hizo cuestionar y replantear varios aspectos de mi vida, sin duda alguna, me enseñó bastante también.
Si, ha sido muy loco, un año de retos, de sacudidas, de cuestionamientos, de mucha incertidumbre y claramente de darnos cuenta de muchas cosas que tenemos -o por lo menos- de darle el valor que posiblemente antes no les dábamos; por ejemplo, este año me hizo ver lo valiosos que son el tiempo y las oportunidades, asimismo, me recordó lo privilegiada que soy al continuar con mi familia a mi lado y apoyada en ellxs siempre.
Tal vez no tengamos lujos y mi yo del pasado probablemente se enfocaría en quejarse de todo aquello que quiere pero no puede tener; sin embargo, este año me hizo ver que el tener un techo donde dormir, una familia con la que compartir y en la que apoyarme, el poder continuar mis estudios (así fuese de forma virtual) y el que todxs conserven su trabajo, me hace por completo una persona privilegiada, pues es evidente que no todxs pueden decir lo mismo, ya que muchxs tuvieron que posponer sus estudios y otrxs perdieron sus empleos.
Entonces puedo darme por bien servida y no en modo de conformismo, sino de agradecimiento constante por cada privilegio que poseo y ahora soy consciente de tener. Es que a veces solemos enfocarnos en aquello que nos hace falta y no en agradecer lo que ya poseemos y que muy seguramente otrxs aspirarían poder tener.
Igualmente, este año me hizo ver que cualquier cosa que haya que forzar realmente es algo que no vale la pena en absoluto y esto aplica para cualquier ámbito de nuestra vida. Es que el hecho de forzar ya impide que las cosas se den de forma natural y fluyan como debe ser y esto hace que simplemente no se dé lo que uno espera o de la manera que uno planea.
No me malinterpreten, no quiero decir que no hay que esforzarse, solo que el desgaste y la energía que implica el esfuerzo debemos dárselo siempre a aquello que amamos y verdaderamente vale la pena. En lo personal, cuando hago varios intentos para algo y las cosas no se dan, es un claro aviso de que sencillamente ese no es el camino o hay que replantear lo que se está haciendo.
Este año la verdad me dio un sinfín de frustraciones y estrés, no lo voy a negar, pero también me hizo ver que -literalmente- lo que es para uno es para uno y que si algo no se da -aún cuando diste lo mejor de ti- es porque simplemente no es el momento o es algo que no es para ti. Sé que no es fácil darse cuenta de esto cuando estás en medio del estrés y la frustración, pero si algo es cierto, es que, en un futuro, cuando mires hacia atrás, posiblemente hallarás la razón por la que muchas cosas no se dieron.
Sinceramente el 2020 me enseñó bastante, entre muchas cosas, me recordó que la vida solo es una y que no tenemos la certeza de cuándo terminará la nuestra o la de aquellxs que nos rodean; entonces, hay que agradecer por cada persona que nos rodea y aprovechar cada momento que tenemos con ellxs, porque no sabemos cuál será el último.
Definitivamente si, el 2020 me dejó varias reflexiones y también varias incógnitas, no fue para nada un año fácil, pero si un año en el que sin duda aprendí, crecí y mejoré como persona, ¿Y ustedes qué agradecen? y ¿Qué enseñanzas les dejó este 2020?
¿QUÉ PASA CON LA SALUD MENTAL?
Triste comenzar esta entrada con esta afirmación, pero es una realidad: La salud mental aún en pleno siglo XXI y en medio de una pandemia como lo es el coronavirus, no es prioridad para los gobiernos, e incluso las políticas públicas y los recursos que hay para atender personas con distintos padecimientos relacionados a la salud mental no son claros y son realmente insuficientes.
Asimismo, para muchxs, cuando un conocido o familiar habla acerca de sentirse mal, de padecer ansiedad, depresión -por poner algunos ejemplos- o incluso habla de tener pensamientos suicidas, los llaman exagerados, dramáticos y hasta aseguran que son personas que solo quieren llamar la atención. Por otro lado, tenemos personas que opinan que hablar de salud mental se convirtió únicamente en una “moda” y que hay otros temas que merecen mayor relevancia y atención.
Pero la realidad es que la salud mental debe tener la misma importancia y atención que la salud física, se debe dejar de creer que es una especie de “morbo” o exageramiento, es indispensable para el ser humano, no solo estar sano y cómodo, sino, realmente sentirse sano y cómodo, pero sobre todo seguro.
Es que de por sí el hecho de que minimicen la salud mental hace que muchas personas opten por callar y cargar con sus padecimientos y problemas solxs, que no busquen ayuda, que no avisen, que sientan y asuman que sus sentimientos, pensamientos y vivencias no tienen ningún valor y que lo mejor es guardarse todo y fingir que se “está bien”, así por dentro esa persona esté pidiendo a gritos ayuda y alguien que al menos le escuche.
En mi opinión, guardarse todo para sí mismo, solo enferma y lastima y lo digo por experiencia propia, no porque haya padecido alguna enfermedad mental como ansiedad o depresión -por poner de ejemplo las que más he escuchado- pero lamentablemente en mi infancia me criaron con ese estigma de que es mejor no opinar, no ser “insolente” y guardarse lo que uno siente o piensa, para no incomodar a los demás. No quiero decir tampoco que uno deba ir por la vida diciendo lo primero que se le viene a la mente, porque hay límites, pero que si es cierto que guardarse todo para sí mismo se convierte en un tormento. Créanme, aún trabajo en desaprender esto.
Te quedas con una especie de nudo en la garganta, sientes que de repente te encuentras en la profundidad del mar y que cada vez te hundes más. Es que no, persona que está leyendo esto, no estás siendo exageradx, no eres dramáticx, no le estás dando trascendencia a algo que no la merezca, simplemente estás siendo humanx, estás sintiendo, estás siendo afectadx y te está doliendo y no, no hay nada de malo en esto, ni nada malo en ti.
Soy consciente de que no soy psicóloga, psiquiatra, ni nada por el estilo, pero puedo decir con certeza que hablar todo aquello que nos atormenta es liberador y curativo, es al final del día un acto de amor propio y valentía. Si, no siempre es fácil expresar cómo nos estamos sintiendo, porque a veces ni nosotros mismos nos entendemos; pero, algo si es seguro y es que alguien entenderá nuestro desentendimiento o al menos tiene interés y está dispuestx a escucharnos, así no entiendan muy bien por lo que estamos pasando.
Por eso es importante que cuando notemos que alguien cercano está pasando por algo que de repente le cuesta expresar o no está listo para expresarlo, hagámosle saber que no está solx, que cuenta con uno, no presionemos a que hablen, a veces la simple compañía basta para que se den cuenta que son valiosxs y tienen a alguien que está ahí cuando lo necesiten y hasta cuando no.
Jamás llamemos exageración y drama a lo que los demás están viviendo o sintiendo, porque puede que lo que para ti no es grave, a esa persona le afecte a niveles inimaginables y escuchar con atención sin juzgar, es lo mejor que se puede hacer. Dejemos de minimizar nuestros sentimientos y pensamientos, dejemos de minimizar nuestra estabilidad mental y emocional, porque son igual de importantes que el bienestar físico.
Estemos alertas a las señales, que no siempre son claras y explicitas, incluso con nosotros mismos. Recordemos que no tenemos el control sobre todo lo que nos sucede y que está bien pedir ayuda cuando lo necesitemos. No nos dejemos de ultimas, seamos siempre nuestra mayor prioridad.
Sé que a veces es más fácil ayudar a los que nos rodean, que solucionar nuestros propios problemas y que cuesta reconocer cuando algo está fuera de nuestro control, pero hay que recordar que es algo normal, no somos omnipotentes y no siempre tendremos la respuesta y la solución a todo.
Por eso es indispensable siempre recurrir a alguien de confianza y/o a un especialista. Porque no, ir al psicólogo o al psiquiatra no indica que estás locx, solo indica que te preocupas por ti, por tu estabilidad y por tu bienestar, que al final del día deben ser nuestra prioridad. Hay que seguir trabajando para acabar con todos esos estigmas que aún persisten relacionados con la salud mental.
Básicamente, como nos preocupamos por nuestra nutrición, por nuestra salud bucal y demás, es imprescindible que nos preocupemos por nuestra salud y nuestra estabilidad mental y emocional. Somos humanxs, no máquinas, debemos trabajar para estar sanxs física, mental y emocionalmente. Es un conjunto y debemos hallar un balance.
MACHISMO EN CASA
Les tengo una pregunta a aquellas mujeres que tienen al menos un hermano hombre, ¿alguna vez sintieron que sus padres de repente eran más permisivos, más complaciente y -de cierta manera- más descomplicados con sus hermanos que con ustedes? Por ejemplo, para poder tener un permiso para salir, a ustedes se les complica más que a sus hermanos, o en las diversas labores domesticas son ustedes quienes colaboran, mientras a sus hermanos les dan todo -como diría aquel famoso dicho colombiano- en bandeja de plata.
En fin, esta entrada podría ser de una lista de la cantidad de cosas que algunas de nuestros padres aún pueden tener naturalizadas y que en realidad no son más que una muestra de machismo, impuesto desde la niñez a través de la crianza. Acciones que, aunque a veces parecen pequeñas e incluso pueden pasar desapercibidas, son completamente incómodas, puesto que uno como mujer siente que siempre estará en desventaja frente a sus hermanos hombres.
Estos comportamientos nos hacen cuestionarnos “¿Por qué mi hermano puede llegar a la hora que quiera cada que sale, y si yo llego así sea solo una hora tarde me tengo que aguantar tremendo castigo? O ¿Por qué solo soy yo la única que colabora con las labores domésticas? O ¿Por qué mis papás controlan más mi alimentación que la de mis hermanos hombres?”. En fin, nos deja con un sin sabor y una infinidad de incógnitas sin resolver.
Pueda que esta no sea la realidad de muchas de las mujeres que lleguen a leer esto, pero si es algo que puedo afirmar con convicción, es latente en nuestra cotidianidad actual. Este tipo de machismo, como muchos otros. Ya que si, tristemente en pleno siglo XXI aún hay gente que dice “esta actividad la haces tú, porque eres mujer” o “no puedes hacer esto, porque es para hombres”. Es decir, aún se ve el género como un limitante, cuando no debería influir en tus gustos o preferencias, ni en ningún otro ámbito.
Volviendo al contexto del hogar, podemos darnos cuenta que sí, nuestros padres no son culpables del todo de replicar estos comportamientos machistas, pero si de no cuestionarlos y revisar su actuar frente a estos. Es indispensable que nuestros padres empiecen a revisar su actuar frente a sus hijos, revisen qué comportamientos y enseñanzas mantienen y replican, y cuáles transforman por el bien de tu familia.
El machismo en el hogar (y en la vida en general) es algo por lo cual hay que seguir luchando para que pare y deje de verse como algo natural y parte de nuestras costumbres, porque, muy por el contrario, es bastante nocivo y genera una cantidad de creencias, pensamientos y formas de vivir que están por completo alejadas de la equidad, pero sobre todo, del respeto.
Creer -por ejemplo- que “el hombre de la casa” colabore con las labores del hogar o que “la niña de la casa” de repente quiera salir a una fiesta con amigos, son cosas que “se ven mal” porque se salen de lo convencional y de lo que “implica” ser hombre o mujer, es un grave error. Están, por un lado, criando a un vago que posiblemente llegue a asumir que cada mujer que tenga como pareja debe estar dispuesta a servirle a él y por el otro, están coartando la libertad de decidir de la mujer.
Es que incluso solo el hecho de usar el término “la niña de la casa” para referirse a nosotras, así seamos mayores de 20 años; es infantilizarnos, es minimizarnos, es decir de manera implícita que las mujeres necesitamos siempre de supervisión, de colaboración, de un “macho” a nuestro lado para que nos “proteja”. Como si nuestras capacidades y fortalezas no fueran suficientes, como si no pudiéramos valernos por nosotras mismas, sino que necesitáramos siempre de alguien más a nuestro lado para salvarnos si nos encontramos en peligro.
Pero ojo, que, además, ese alguien más no puede ser otra mujer, sino que tiene que ser un hombre, un “macho” en todo el sentido de la palabra, quien te acompañe y proteja, pero, también a quien debes servirle porque esos son los roles de género y ese es tu “deber ser” frente a la sociedad. Pero, lamento decirles que esto está por completo alejado de la realidad, ya que no existe tal “deber ser”, todo deberíamos poder actuar y ser sin temor al “qué dirán” y sin cuestionarnos “¿Qué dirá tal persona de mí?”. Mientras hagas lo que amas y seas feliz sin hacerle daño a nadie, todo estará bien.
Como esto no se trata solo de quejarme, que igual es algo liberador, sino, también, de que abramos el debate y el espectro a ese tan naturalizado machismo en casa, entonces, ¿Cómo evitar replicar estos comportamientos machistas en casa? Simple, empezar por no decirle a sus hijas con qué color de ropa o cómo debe vestirse, repartiendo las labores del hogar de forma equitativa, sin importar el género y, sobre todo, que las reglas que haya en casa sean iguales para todos y el incumplimiento de estas tenga consecuencias sin importar el género.
Asimismo, dejemos de coartar la libertad de opinión y decisión de las mujeres; no, no hay carreras y actividades especificas para hombres y otras especificas para mujeres, todos debemos poder hacer lo que amamos sin importar lo que sea, mientras no dañemos a nadie. Tampoco justifiquemos la violencia sexual diciendo “si se viste así no espere que la respeten” o “por andar a esas horas en la calle es que después resultan muertas”; porque NO, NINGÚN tipo de violencia tiene justificación y no podemos normalizarlas y además estigmatizar la forma de ser de cada mujer.
Es que todo empieza desde casa y si en casa naturalizamos y justificamos las diversas formas de violencias a las que a diario nos vemos expuestas las mujeres, tristemente están criando posibles maltratadores o abusadores. Puede que suene exagerado, pero es una realidad; porque NO, la mujer NO es objeto de nadie, la mujer NO está para servirle al hombre, la mujer NO tiene porqué vestirse o actuar de formas especificas para “darse a respetar”, porque TODOS merecemos respeto, sin importar nuestro género.
Espero esta entrada la vean muchos padres o por lo menos algunxs hijxs que le quieran hacer llegar este mensaje a sus padres, tíos, abuelos o conocidos. Todo empieza desde casa y es indispensable que en nuestro hogar exista la equidad, el respeto, la confianza y que uno como hijo -en especial si se es mujer- pueda expresarse y sentirse verdaderamente en un lugar seguro, no en una especie de jaula en la que tienes que ocultar quien eres para que te acepten y respeten.
MUJER EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA
Competencia y rivalidad constante. Así se podría resumir lo que implica ser una mujer contemporánea. Las mujeres tenemos una historia de lucha hacia la igualdad y la equidad; una lucha hacia el hecho de poder tener voz, de ser partícipes activas en la sociedad, de que cada cosa que hacemos cobre sentido y tenga el valor que merece, no menos.
Vivimos en la búsqueda constante del respeto, del poder de decisión, de que no se justifique ningún tipo de maltrato o violencia por cuestiones de género. De que no se minimicen nuestros logros solo por el hecho de pertenecer al género femenino. Pero sobre todo, buscamos que la sociedad en general entienda que puedes desempeñarte en lo que sea sin importar el género al que perteneces.
Luchamos día a día porque se entienda que las mujeres también podemos ser líderes, podemos debatir, podemos inmiscuirnos en temas como la ciencia, la política o los deportes. Que el género al que pertenecemos no es el “sexo débil” y que podemos lograr cualquier cosa que nos propongamos porque nuestra capacidad y tenacidad no se mide por el género al que pertenecemos o con el que nos sentimos identificadxs.
Sin embargo; cuando analizamos la realidad actual del papel de la mujer en la sociedad, podemos darnos cuenta de que la mujer es más juzgada y criticada por su físico, que por lo que hace en el ámbito en el que se desempeña, vemos también que los comentarios sexistas y machistas pululan hoy más fuerte que nunca, pues las redes sociales se prestan para esto y mucho más.
Vemos críticas, burlas y hasta memes sobre el cuerpo, el peso, e incluso la vida íntima de diferentes mujeres reconocidas en la industria de la música, el cine, la televisión y hasta del periodismo –por ejemplo-. Tristemente, este tipo de acciones en su mayoría provienen de mujeres, opinando y hasta comparando a otras mujeres entre sí.
Como si por el hecho de ser mujer, tu talento no fuera suficiente, sino que, además, tuvieras que pasar por una especie de “check list” de aprobación respecto a tu físico, a cómo andas en tu día a día y a lo que haces o no con tu vida privada. Adicional a esto, te ponen el peso de compararte con las otras mujeres pertenecientes a tu mismo ámbito; como si en vez de ser aliadas, tuviésemos que ser rivales.
No logro entender en qué momento pasamos de pensar que la lucha y las reivindicaciones de las mujeres era algo en conjunto, con cooperación y unión, a un tema de competencia, rivalidad y hasta odio.
Opinando y burlándonos sobre el cuerpo, el peso, las enfermedades o situaciones por las que han tenido que pasar algunas mujeres, ya no es cuestión de cooperativismo, sino de competencia; a ver quién tiene mejor cuerpo, mejores senos o nalgas, o a ver quién da de qué hablar para ir a atacar, burlarnos e irrespetar.
Tristemente, las redes sociales están inundadas de una cantidad inmensa de odio e irrespeto, sobre todo si eres mujer, ya que muchas otras mujeres están listas ya sea para alabarte o criticarte e irrespetarte. Que distinto sería si ese tiempo y energía que enfocamos en tanta negatividad, lo enfocáramos en replicar contenido que valga la pena, con información útil y verdaderamente importante.
Qué tal si nos enfocáramos en apoyar causas, iniciativas y propuestas que ayuden de alguna manera a la sociedad, e incluso causas e iniciativas de las que esas mujeres a las que tanto criticamos y nos burlamos –por ejemplo- tengan y/o hagan parte. Qué bonito sería ver que ese concepto de “las mujeres se apoyan entre sí” realmente existiera y no viéramos tanta controversia, criticas, burlas e irrespeto hacia las mujeres de parte (mayoritariamente) de otras mujeres.
A las mujeres nos ha costado mucho llegar a donde estamos y lograr los derechos de los que hoy en día gozamos, como para que ahora el problema sea la especie de competencia y rivalidad en la que entramos entre nosotras mismas, cuando lo que debería haber es apoyo y unión, no estigmatización e irrespeto.
Si logramos enfocar nuestras fuerzas y energías en unión y apoyo, la cuestión sería otra; ya que, habría cooperación, unión y apoyo, no miedo y rezago a hablar y compartir historias sobre situaciones, adversidades, problemas o enfermedades, por las que cualquier persona puede pasar. No habría competencia y rivalidad, puesto que cada mujer se sentiría cómoda en su ámbito, haciendo lo que ama y compartiendo con otras mujeres; como aliadas, no como rivales.
Empecemos por amarnos, aceptarnos y trabajar en nuestras habilidades día a día, evitemos compararnos con otras mujeres, por más difícil que pueda ser; todas somos suficientemente poderosas y valiosas en el ámbito en el que nos desempeñamos y apoyarnos es lo mejor que podemos hacer, para que el papel de la mujer en la sociedad, no tenga tantos estigmas y prejuicios, y dejemos de generar segregación entre nosotras. Volvámonos aliadas y dejemos de ser rivales.
La soledad
Esta palabra siempre llega a nuestra mente con una imagen de alguien totalmente solo, ya sea porque lo dejaron, o por elección propia. Alguien que anda por la vida con un rumbo en el que no se encuentra nadie más que esa persona.
Sin embargo y desde mi experiencia en particular, la soledad va más allá del hecho de estar o no rodeado de personas, de tener o no la compañía de alguien o de necesitar o no la compañía de alguien más en nuestras vidas.
A veces simplemente puedes sentirte en completa soledad aún estando rodeado de una gran cantidad de personas. Ya sea porque hay algo embargando tu interior que no sabes expresar, ya sea porque hay alguna situación ocurriendo que hace que te embargue ese sentimiento o ya sea porque sucede algo con las personas con las personas que te rodean.
Creemos entonces que está mal o que somos unos desagradecidos por sentirnos así y no entendemos el porqué, si físicamente y al hablar de compañía no nos hace falta nada. Pero en realidad no está mal sentirnos así de vez en cuando, porque a la final el ser humano está lleno de emociones y vulnerabilidades y hacen parte del proceso de vivir.
No es fácil encontrarse embargado de este sentimiento cuando no entiendes el porqué te estás sintiendo así, al punto de creer que eres una carga para los que te rodean por no entender ni saber explicar por lo que estás pasando.
Por esa razón es bueno siempre darnos un espacio con nosotros mismos, permitiendonos sentir y sacar todo eso que tenemos dentro; ya sea hablando con alguien más o si no podemos expresarlos con palabras, escribiendo o hasta llorando.
No, no está mal sentirse mal, no está mal sentirse solo aún estando rodeado de una gran cantidad de personas, no está mal no saber explicar lo que nos está pasando. Simplemente somos humanos y la vulnerabilidad hace parte de nuestra esencia.
No debemos sentirnos culpables, ni estúpidos por ser vulnerables, tampoco debemos dejar que estas emociones desdibujen nuestra imagen y nuestro valor como personas, porque si, TODOS SOMOS VALIOSOS y merecemos lo mejor siempre.
«Está bien estar mal» de vez en cuando, es totalmente normal y a veces necesario, ¿O se imaginan una vida en la que todo fluyera a la perfección y sin complicaciones? ¿Qué situaciones no sacarían de nuestra zona de confort? ¿Sobre qué reflexionaríamos sino tenemos estas situaciones «negativas»? ¿Y cuándo sacaríamos ese tiempo a solas con nosotros mismos para parar y revisarnos?
Creo que la cuestión aquí es que a ninguno nos gusta sentirnos vulnerables o débiles, no nos gusta sentir que estamos pasando por algo que se sale de nuestro control, que no sabemos cómo expresar y cómo manejarlo, pero vuelvo e insisto, somos humanos y esto es parte de nuestra escencia.
No somos culpables, no somos desagradecidos, ni tampoco somos una carga por sentirnos solos, no entender el porqué y no saber explicar por lo que estamos pasando. Simplemente son situaciones que ocurren y con las que debemos lidiar.
Es completamente normal no saber explicar cómo te sientes y por lo que estás pasando, es válido de repente sentirse fuera de sí y completamente desorientado; pero así mismo, es completamente necesario detenernos y revisar lo que estamos viviendo. Pueda que no podamos expresarlo con palabras o incluso con letras, pero podemos liberarnos llorando si fuese necesario. Porque el llanto no es de «débiles» ni mucho menos, simplemente a veces es necesario porque es la mejor manera que tenemos para desahogarnos.
Y no, no quiero normalizar nada negativo, solo quiero que recordemos que en la vida no todo es alegría y que sentirse triste y solo hace parte de ser humanos y no deberíamos sentirnos avergonzados o «una carga» para nadie por sentirnos así. La vida no es balanceada, muy por el contrario, está llena de matices y no siempre vamos a sentirnos bien y eso está bien.
¿Ser?
Solemos escuchar y hasta nosotros mismos lo hemos dicho: «Sé como eres», «sé real». Pero vivimos en una sociedad que nos condiciona día a día, que nos da parámetros y estándares de comportamientos, formas de ser y hasta de cómo debe ser nuestro físico. Que, además, nos dice lo que se ve «bien» y lo que se ve «mal». Entonces, ¿Soy o no soy? Siempre habrá alguien hablando de ti, criticando o aplaudiendo lo que haces y lo que logras. Siempre habrá quien esté de acuerdo con tu forma de ser y pensar, pero también a quien no le guste ni un poquito.
La cuestión es, ¿Qué tan importante debe ser para uno lo que los demás opinan? Muchos dirán «eso es irrelevante, yo soy como soy y punto», otros dirán «es importante escuchar los que los demás opinan para mejorar». Pero la realidad es que, queramoslo o no, lo que los demás dicen de una forma u otra termina afectando, pues nos saca de nuestra zona de confort, nos hace cuestionarnos y eso es válido.
Pero, ¿Hasta qué punto es bueno ponerle atención a lo que los demás opinan sobre nosotros? El escuchar a los demás puede hacer que dejemos de escucharnos a nosotros mismos y por más egocéntrico que pueda sonar, lo más importante en nuestra vida debe ser lo que nosotros pensamos, lo que queremos y soñamos para nuestra vida.
Es que si no somos nuestra mayor prioridad, siempre estaremos en un vaivén, siempre estaremos incómodos e inconformes con lo que somos, porque estamos constantemente intentando complacer a otros, cuando a quien debemos complacer por encima de todo es a nosotros mismos y a lo que queremos.
La vida es un juego constante, en el que día a día vamos descubriendo algo nuevo y diferente sobre nosotros, sobre lo que somos, sobre lo que amamos u odiamos. Estamos en un constante «autoaprendizaje» y no podemos dejarnos de últimas por complacer a alguien más, nuestra prioridad FUIMOS, SOMOS y SEREMOS siempre nosotros mismos, nadie más.
Al final del día descubriremos a alguien que nos quiera y nos acepte con nuestras peculiaridades y nuestras rarezas, que ame nuestra risa por más escándalosa que esta sea, que ame de repente hacer el ridículo junto contigo y te acompañe en tus mejores y peores momentos.
Y no hay nada más lindo que rodearse de personas con las que puedas ser simplemente tú, sin máscaras ni secretos, ni buscando cómo cubrir eso que creemos puede incomodar a los demás. Hay que buscar siempre la comodidad y esa libertad de ser tú.
Por otro lado, habrá personas con las que no compagines y está bien, porque no estamos obligados a caerle bien a todo el mundo y no siempre tendremos una conexión con quienes nos rodean, eso es normal, hace parte de nuestro recorrido por la vida.
Es que no podemos vivir en función de caerle bien o mal a alguien; debemos vivir en función de «caernos bien» a nosotros mismos, antes que a cualquier otra persona. Mientras nos amemos, aceptemos, valoremos y trabajemos en mejorar eso que sentimos que debemos cambiar, todo fluirá mejor y llegarán personas en nuestra vida que realmente valgan la pena.
En definitiva sí, es bastante difícil ser uno mismo en una sociedad que exige tanto, pero se puede. Se puede ser uno mismo sin lastimar, ni pasar por encima de nadie. Se puede ser uno mismo luchando por lo que se ama. Se puede ser uno mismo con todas nuestras cualidades y defectos, aprendiendo y mejorando día a día. Ser. Un riesgo que hay que tomar.
La frustración
¿Conoces esa sensación de estrés y desasosiego que nos produce el hecho de que las cosas no se nos den como lo planeábamos? Esa sensación de impotencia e incapacidad, que te hace creer que no hiciste lo suficiente, que no diste lo suficiente, que no diste lo mejor de ti y no entiendes en qué punto del camino la cagaste, solo sabes que eres tú el/la culpable de que todo de que todo saliera al revés.
Sientes por un momento que tu mundo se derrumba a pedacitos, que te quedas sin alternativas y que todo se fue al barranco; que nada tiene sentido, que no hay una lógica, una coherencia, que cada esfuerzo que has realizado ha sido en vano y que no vale la pena seguir esforzándote cuando el resultado no es el que esperas.
Olvidamos por completo que en la vida no tenemos el control de todo, que hay cosas que, si o si, se salen por completo de nuestro control, que no hay nada asegurado, pero que el hecho de que fallemos una vez no indica fracaso, sino una nueva oportunidad de hacer mejor las cosas y reinventarnos.
Si algo es cierto es que nos es difícil ver lo bueno y las oportunidades en momentos donde sentimos que dimos todo de nosotros y al final el resultado fue lo opuesto a lo planeado. Nos sumergimos en una burbuja oscura y sin salida. A eso nos lleva la frustración, al estancamiento absoluto.
A un estancamiento lleno de negatividad, rabia y pesimismo. Y es normal, completamente válido. Sin embargo; la realidad es que debemos salir de esto, porque quedarnos frustrados no sirve de nada, no es más que un desgaste de energía y emociones, básicamente no conduce a nada bueno.
Es necesario darnos el tiempo de sacar esa frustración, esa rabia, esa impotencia; darnos el tiempo de sentir, vivir y experimentar estas sensaciones, porque así nos liberamos. Pero luego de esto, es importante sanarnos, reflexionar, replantear lo sucedido en la situación y avanzar.
No podemos darnos el lujo de quedarnos estancados sin razón, es cierto que duele e incomoda que las cosas no salgan conforme se planearon, pero es cierto también que cada situación se presenta de manera tal que podamos aprender de ella en el proceso de vivir. No es fácil, pero en la vida nada es fácil.
Permitámonos siempre sentir, gritar, llorar si es necesario; luego, sacudámonos y avancemos, no olvidemos que está bien revisarnos y empezar de cero las veces que sea necesario. Llevar la vida a nuestro ritmo sin preocuparnos ni compararnos con nadie. Pero jamás dejemos que la frustración nos estanque, no vale la pena.
Tengamos siempre en mente dos cosas:
- No tenemos el control de todas las situaciones y está bien.
- La perfección NO existe, lo único que podemos hacer es dar lo mejor de nosotros siempre y hacer todo con amor.
Tal vez las cosas no siempre se den como las planeamos, pero tal vez es porque aún no era el momento para ese sueño o proyecto, o no estábamos con las personas indicadas para acompañarnos. La vida, Dios, el destino, como le quieras decir, siempre encuentra la forma de mostrarnos si vamos bien, si es el camino indicado o si simplemente debemos esperar y hacerlo de forma diferente o en otro tiempo.
Vivimos tan acelerados, intentando llenar nuestras expectativas, las expectativas de nuestros familiares y amigos, las expectativas del trabajo, en fin; que nos olvidamos por completo de disfrutar y ser felices en el proceso.
Y no, no está mal tener expectativas sobre nosotros o que los demás también las tengan. Lo que está mal es que nos olvidemos de nuestra comodidad y felicidad. Por más cliché que pueda sonar, si nosotros no estamos felices y a gusto con lo que día a día realizamos, todo parece una tortura y no un trabajo por nuestros sueños y metas.
Por eso es importante siempre que hagamos una autoevaluación. A veces es difícil porque es ahí donde llega la frustración de que no estamos conformes, pero esta autoevaluación es al final lo que nos ayuda y nos permite hacer un alto en el camino y empezar de nuevo.
Quiero finalizar esto diciendo: Permitámonos sentir, permitámonos ser. Nunca olvidemos que está bien empezar de cero las veces que sea necesario, eso sí, aprendiendo siempre de cada situación que se nos presente. Evitemos compararnos con quienes nos rodean, ya que cada persona tiene un ritmo de vida diferente, no está ni más adelante ni más atrás que tú. Finalmente, la competencia más importante en la vida es con uno mismo, cada día trae una enseñanza y un aprendizaje para cada uno de nosotros y eso debe hacernos mejores.
