Les tengo una pregunta a aquellas mujeres que tienen al menos un hermano hombre, ¿alguna vez sintieron que sus padres de repente eran más permisivos, más complaciente y -de cierta manera- más descomplicados con sus hermanos que con ustedes? Por ejemplo, para poder tener un permiso para salir, a ustedes se les complica más que a sus hermanos, o en las diversas labores domesticas son ustedes quienes colaboran, mientras a sus hermanos les dan todo -como diría aquel famoso dicho colombiano- en bandeja de plata.
En fin, esta entrada podría ser de una lista de la cantidad de cosas que algunas de nuestros padres aún pueden tener naturalizadas y que en realidad no son más que una muestra de machismo, impuesto desde la niñez a través de la crianza. Acciones que, aunque a veces parecen pequeñas e incluso pueden pasar desapercibidas, son completamente incómodas, puesto que uno como mujer siente que siempre estará en desventaja frente a sus hermanos hombres.
Estos comportamientos nos hacen cuestionarnos “¿Por qué mi hermano puede llegar a la hora que quiera cada que sale, y si yo llego así sea solo una hora tarde me tengo que aguantar tremendo castigo? O ¿Por qué solo soy yo la única que colabora con las labores domésticas? O ¿Por qué mis papás controlan más mi alimentación que la de mis hermanos hombres?”. En fin, nos deja con un sin sabor y una infinidad de incógnitas sin resolver.
Pueda que esta no sea la realidad de muchas de las mujeres que lleguen a leer esto, pero si es algo que puedo afirmar con convicción, es latente en nuestra cotidianidad actual. Este tipo de machismo, como muchos otros. Ya que si, tristemente en pleno siglo XXI aún hay gente que dice “esta actividad la haces tú, porque eres mujer” o “no puedes hacer esto, porque es para hombres”. Es decir, aún se ve el género como un limitante, cuando no debería influir en tus gustos o preferencias, ni en ningún otro ámbito.
Volviendo al contexto del hogar, podemos darnos cuenta que sí, nuestros padres no son culpables del todo de replicar estos comportamientos machistas, pero si de no cuestionarlos y revisar su actuar frente a estos. Es indispensable que nuestros padres empiecen a revisar su actuar frente a sus hijos, revisen qué comportamientos y enseñanzas mantienen y replican, y cuáles transforman por el bien de tu familia.
El machismo en el hogar (y en la vida en general) es algo por lo cual hay que seguir luchando para que pare y deje de verse como algo natural y parte de nuestras costumbres, porque, muy por el contrario, es bastante nocivo y genera una cantidad de creencias, pensamientos y formas de vivir que están por completo alejadas de la equidad, pero sobre todo, del respeto.
Creer -por ejemplo- que “el hombre de la casa” colabore con las labores del hogar o que “la niña de la casa” de repente quiera salir a una fiesta con amigos, son cosas que “se ven mal” porque se salen de lo convencional y de lo que “implica” ser hombre o mujer, es un grave error. Están, por un lado, criando a un vago que posiblemente llegue a asumir que cada mujer que tenga como pareja debe estar dispuesta a servirle a él y por el otro, están coartando la libertad de decidir de la mujer.
Es que incluso solo el hecho de usar el término “la niña de la casa” para referirse a nosotras, así seamos mayores de 20 años; es infantilizarnos, es minimizarnos, es decir de manera implícita que las mujeres necesitamos siempre de supervisión, de colaboración, de un “macho” a nuestro lado para que nos “proteja”. Como si nuestras capacidades y fortalezas no fueran suficientes, como si no pudiéramos valernos por nosotras mismas, sino que necesitáramos siempre de alguien más a nuestro lado para salvarnos si nos encontramos en peligro.
Pero ojo, que, además, ese alguien más no puede ser otra mujer, sino que tiene que ser un hombre, un “macho” en todo el sentido de la palabra, quien te acompañe y proteja, pero, también a quien debes servirle porque esos son los roles de género y ese es tu “deber ser” frente a la sociedad. Pero, lamento decirles que esto está por completo alejado de la realidad, ya que no existe tal “deber ser”, todo deberíamos poder actuar y ser sin temor al “qué dirán” y sin cuestionarnos “¿Qué dirá tal persona de mí?”. Mientras hagas lo que amas y seas feliz sin hacerle daño a nadie, todo estará bien.
Como esto no se trata solo de quejarme, que igual es algo liberador, sino, también, de que abramos el debate y el espectro a ese tan naturalizado machismo en casa, entonces, ¿Cómo evitar replicar estos comportamientos machistas en casa? Simple, empezar por no decirle a sus hijas con qué color de ropa o cómo debe vestirse, repartiendo las labores del hogar de forma equitativa, sin importar el género y, sobre todo, que las reglas que haya en casa sean iguales para todos y el incumplimiento de estas tenga consecuencias sin importar el género.
Asimismo, dejemos de coartar la libertad de opinión y decisión de las mujeres; no, no hay carreras y actividades especificas para hombres y otras especificas para mujeres, todos debemos poder hacer lo que amamos sin importar lo que sea, mientras no dañemos a nadie. Tampoco justifiquemos la violencia sexual diciendo “si se viste así no espere que la respeten” o “por andar a esas horas en la calle es que después resultan muertas”; porque NO, NINGÚN tipo de violencia tiene justificación y no podemos normalizarlas y además estigmatizar la forma de ser de cada mujer.
Es que todo empieza desde casa y si en casa naturalizamos y justificamos las diversas formas de violencias a las que a diario nos vemos expuestas las mujeres, tristemente están criando posibles maltratadores o abusadores. Puede que suene exagerado, pero es una realidad; porque NO, la mujer NO es objeto de nadie, la mujer NO está para servirle al hombre, la mujer NO tiene porqué vestirse o actuar de formas especificas para “darse a respetar”, porque TODOS merecemos respeto, sin importar nuestro género.
Espero esta entrada la vean muchos padres o por lo menos algunxs hijxs que le quieran hacer llegar este mensaje a sus padres, tíos, abuelos o conocidos. Todo empieza desde casa y es indispensable que en nuestro hogar exista la equidad, el respeto, la confianza y que uno como hijo -en especial si se es mujer- pueda expresarse y sentirse verdaderamente en un lugar seguro, no en una especie de jaula en la que tienes que ocultar quien eres para que te acepten y respeten.
