¿Conoces esa sensación de estrés y desasosiego que nos produce el hecho de que las cosas no se nos den como lo planeábamos? Esa sensación de impotencia e incapacidad, que te hace creer que no hiciste lo suficiente, que no diste lo suficiente, que no diste lo mejor de ti y no entiendes en qué punto del camino la cagaste, solo sabes que eres tú el/la culpable de que todo de que todo saliera al revés.
Sientes por un momento que tu mundo se derrumba a pedacitos, que te quedas sin alternativas y que todo se fue al barranco; que nada tiene sentido, que no hay una lógica, una coherencia, que cada esfuerzo que has realizado ha sido en vano y que no vale la pena seguir esforzándote cuando el resultado no es el que esperas.
Olvidamos por completo que en la vida no tenemos el control de todo, que hay cosas que, si o si, se salen por completo de nuestro control, que no hay nada asegurado, pero que el hecho de que fallemos una vez no indica fracaso, sino una nueva oportunidad de hacer mejor las cosas y reinventarnos.
Si algo es cierto es que nos es difícil ver lo bueno y las oportunidades en momentos donde sentimos que dimos todo de nosotros y al final el resultado fue lo opuesto a lo planeado. Nos sumergimos en una burbuja oscura y sin salida. A eso nos lleva la frustración, al estancamiento absoluto.
A un estancamiento lleno de negatividad, rabia y pesimismo. Y es normal, completamente válido. Sin embargo; la realidad es que debemos salir de esto, porque quedarnos frustrados no sirve de nada, no es más que un desgaste de energía y emociones, básicamente no conduce a nada bueno.
Es necesario darnos el tiempo de sacar esa frustración, esa rabia, esa impotencia; darnos el tiempo de sentir, vivir y experimentar estas sensaciones, porque así nos liberamos. Pero luego de esto, es importante sanarnos, reflexionar, replantear lo sucedido en la situación y avanzar.
No podemos darnos el lujo de quedarnos estancados sin razón, es cierto que duele e incomoda que las cosas no salgan conforme se planearon, pero es cierto también que cada situación se presenta de manera tal que podamos aprender de ella en el proceso de vivir. No es fácil, pero en la vida nada es fácil.
Permitámonos siempre sentir, gritar, llorar si es necesario; luego, sacudámonos y avancemos, no olvidemos que está bien revisarnos y empezar de cero las veces que sea necesario. Llevar la vida a nuestro ritmo sin preocuparnos ni compararnos con nadie. Pero jamás dejemos que la frustración nos estanque, no vale la pena.
Tengamos siempre en mente dos cosas:
- No tenemos el control de todas las situaciones y está bien.
- La perfección NO existe, lo único que podemos hacer es dar lo mejor de nosotros siempre y hacer todo con amor.
Tal vez las cosas no siempre se den como las planeamos, pero tal vez es porque aún no era el momento para ese sueño o proyecto, o no estábamos con las personas indicadas para acompañarnos. La vida, Dios, el destino, como le quieras decir, siempre encuentra la forma de mostrarnos si vamos bien, si es el camino indicado o si simplemente debemos esperar y hacerlo de forma diferente o en otro tiempo.
Vivimos tan acelerados, intentando llenar nuestras expectativas, las expectativas de nuestros familiares y amigos, las expectativas del trabajo, en fin; que nos olvidamos por completo de disfrutar y ser felices en el proceso.
Y no, no está mal tener expectativas sobre nosotros o que los demás también las tengan. Lo que está mal es que nos olvidemos de nuestra comodidad y felicidad. Por más cliché que pueda sonar, si nosotros no estamos felices y a gusto con lo que día a día realizamos, todo parece una tortura y no un trabajo por nuestros sueños y metas.
Por eso es importante siempre que hagamos una autoevaluación. A veces es difícil porque es ahí donde llega la frustración de que no estamos conformes, pero esta autoevaluación es al final lo que nos ayuda y nos permite hacer un alto en el camino y empezar de nuevo.
Quiero finalizar esto diciendo: Permitámonos sentir, permitámonos ser. Nunca olvidemos que está bien empezar de cero las veces que sea necesario, eso sí, aprendiendo siempre de cada situación que se nos presente. Evitemos compararnos con quienes nos rodean, ya que cada persona tiene un ritmo de vida diferente, no está ni más adelante ni más atrás que tú. Finalmente, la competencia más importante en la vida es con uno mismo, cada día trae una enseñanza y un aprendizaje para cada uno de nosotros y eso debe hacernos mejores.
