Tengo la firme creencia de que los seres humanos por mero instinto y mera emocionalidad, necesitamos figuras a las cuales admirar, necesitamos un modelo a seguir, un punto de referencia. El problema es que todo esto lo encontramos en otro ser humano igual de imperfecto a nosotrxs, también con miedos, temores, nostalgia y circunstancias que se han topado en la vida.
Y no, no está mal admirar a alguien y tenerle de referencia en tu vida, lo que si está mal es que lleguemos al nivel de idolatrar, de poner a estas personas en una especie de pedestal, que al final del día ningún ser humano merece. Es que nadie tiene porqué cargar con el peso de ser un
“modelo a seguir”, por más fama y credibilidad que tenga esa persona, sigue siendo humana, es decir, alguien imperfectx.
Todxs en general tenemos algo para aportar a lxs demás, por más simple y bobo que pueda parecer. Todxs tenemos cualidades, habilidades y lo más importante, pasiones. Y es por eso que es importante tener referentes, pero no podemos confundir admiración con idolatría, porque una vez llegamos a ese lugar, caemos en el terrible error de defender lo indefendible, de entrar en discusiones sin sentido, abogando por personas que claramente no conocemos y no nos conocen.
Las redes sociales son parte fundamental de nuestro día a día, de nuestra cotidianidad y es justamente allí donde más veo esta cuestión de “ídolos” y “fans”. Debo reconocer que yo sigo y comparto contenido de personas a las que admiro y he conocido a través de Internet, pero si algo he tenido claro desde siempre, es que antes de ser creadores de contenido y hacer lo que hacen, son humanxs; es decir, también son imperfectxs, también cometen errores, también están aprendiendo cada día, creciendo, transformándose y descubriéndose a sí mismxs.
Entonces, no son personas a las que necesitamos estar idolatrando y defendiendo, tampoco hay porqué atacarles, al punto de meterse con su vida privada; claro, son seres humanos -como he dicho antes- y también cometen errores, pueden ser imprudentes, incoherentes y algunas veces irrespetuosxs e irresponsables, pero insultando, metiéndonos con sus vidas privadas y haciendo burlas de sus luchas, no se logra absolutamente nada positivo.
En esta misma línea, tenemos la famosa “cultura de cancelación” que, en mi opinión, no sirve para absolutamente nada, ni da ninguna solución a nada, tampoco ayuda a que aquellxs “famosxs” que son “canceladxs” realmente mejoren, al contrario, esto hace que crezca su popularidad y no haya un cambio de parte de ellxs; si, hay personas cuyo contenido no nos gusta o simplemente no compartimos su forma de ser o pensar, sencillamente no lxs sigamos, no repliquemos su contenido, ni usemos sus nombres o usuarios.
Hay que tener en cuenta esto siempre, por más repetitivo que parezca, nadie merece la carga de ser “íconx”, “ídolo” o “modelo a seguir”, ni ninguna persona tiene porqué ponerse en la posición de estar 24/7 para alguien, ni defenderle, ni andar en disputas o peleas, esa energía debería -desde mi perspectiva- estar enfocada en compartir información importante, en hablar de temas de verdadera relevancia para la sociedad y en hacer críticas -porque son totalmente válidas y necesarias- desde el respeto.
Es válido y necesario tener referentes, sí, es válido también compartir contenido que nos gusta de esos referentes y aprender de sus logros y fortalezas, para usarlo en aquello que nos gusta y amamos hacer. Lo que sí es totalmente innecesario, es idolatrar y exigir a esos “idolxs” ser modelos a seguir, porque todxs batallamos diferentes luchas personales a diario. Sin importar la fama, el dinero o el reconocimiento; nada te exime de enfermarte, sufrir, sentirte mal, tener días de mierda o simplemente no querer hacer nada. Pero, sobre todo, a diario cometemos errores de los que debemos aprender.
En conclusión, para mi los “ídolxs” no existen, ni deberíamos darle esa especie de rótulo a nadie, pues tenemos una percepción errada de lo que es y de lo que implica para alguien ser ese “ídolx” y, además, debemos tener cuidado siempre con quienes tenemos de referentes, pues son iguales a nosotrxs, imperfectxs. La vida se ha encargado de demostrarme que las expectativas no son más que un daño que nos generamos a nosotrxs mismxs, idealizando siempre a quienes nos rodean. Entonces dejemos de hacernos daño, nadie debe cumplir nuestras expectativas y nosotros tampoco tenemos la obligación de cumplir expectativas ajenas.
